Nuestra filosofía

Más que un reloj, un estado de ánimo

Los relojes de JEANRICHARD hablan de viajes, de independencia, de un tiempo libre que solo pertenece a uno mismo. En ellos se perciben las huellas de los pasos sobre la arena, las miradas elevadas hacia los rascacielos, los escalofríos causados por la belleza de un lugar o de un instante. Evocan la experiencia embriagadora de un mundo por recorrer, apreciar y proteger. Encarnan todo el entusiasmo, el impulso y la pasión que presiden cada nuevo desafío. Reflejan la espontaneidad de una cotidianidad que abraza al mundo y se vive intensamente, con respeto por uno mismo y por los demás.

Un universo, cuatro colecciones

Cómplices de todas las aventuras, los relojes de JEANRICHARD se comercializan en cuatro colecciones que rinden homenaje a los elementos del Universo: Terrascope, Aquascope, Aeroscope y 1681. La tierra, el agua, el aire y el fuego de la pasión, que animan a JEANRICHARD desde hace más de tres siglos y a los aventureros más refinados en su vida cotidiana.

Filosofía de vida

A lo lejos, un horizonte de descubrimientos. En la muñeca, un reloj JEANRICHARD. El ancho mundo es todo suyo. El ansia de explorar se nutre del placer de nuevos encuentros, nuevas culturas y un nuevo contacto con la naturaleza. Una visión distinta del tiempo, otra filosofía de vida.

El auténtico tiempo es el que uno se concede, conquista o hace suyo. Es por ello que JEANRICHARD ha convertido el tiempo en un arte de vivir. El hombre y la mujer JEANRICHARD quieren vivir plenamente su existencia aprovechando lo mejor de cada instante. Aman el descubrimiento, el viaje y la exploración. Están abiertos a lo nuevo, a lo inaudito y a lo inesperado. Buscan los desafíos y tienen sed de lo desconocido. Quieren llevar sus pasiones hasta el extremo y hacer realidad sus sueños. Son aventureros de lo cotidiano, adoran la autenticidad y no aceptan concesión alguna en materia de calidad y diseño. Son espíritus independientes que se burlan de las convenciones y siguen su propio rumbo, fuera de los caminos trillados. Son personalidades exigentes que abrazan el mundo con gusto y criterio, buscan la autenticidad y son sensibles tanto a la exclusividad como al buen hacer.